En esta columna se advierte que la huella digital en internet construida a partir de acciones cotidianas se ha transformado en un insumo clave para fraudes cada vez más sofisticados, donde datos públicos y filtraciones, con el apoyo de la IA, permiten suplantaciones y engaños personalizados, incluso mediante deepfakes. Así, la privacidad deja de ser solo una configuración técnica y se convierte en un hábito estratégico para reducir la exposición y fortalecer la seguridad personal.

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